Somete tu voluntad al “Príncipe”

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Josué 5:13 – 6:5

“Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? El respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo? Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo. Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía. Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante.”

En la actualidad poco se observa ese reconocimiento que se da a los miembros de la realeza, y sobre todo al rey o al príncipe. Aunque en algunos países de Europa y otros de Asia Menor todavía se conserva los privilegios de las monarquías, para la mayoría de nosotros esas observancias nos son ajenas, y se podría decir que muchos las miran como antiguas.

Pero hubo una época en la que en toda la tierra se gobernaba bajo régimen monárquico. El rey no solo representaba la autoridad política, sino también podía tener bajo su mando el poder judicial, religioso, y sobre todo militar. Muchos de esos monarcas y sus hijos, los príncipes, se destacaban por su capacidad para pelear en la guerra y dirigir a su ejército con astucia para lograr la victoria. Para muchos soldados pelear al lado de su rey era un privilegio incomparable.

En el momento que Josué se estaba preparando para iniciar la conquista, nuevamente se presenta Dios ante Su siervo para darle instrucciones, pero en este momento se presenta como el “Príncipe del ejército de Jehová” acercándose con su espada desenvainada (5:13-15). Dios mismo, en una de las teofanías que hallamos en el A.T. se presenta ante Su siervo para darle instrucciones específicas de cómo atacar Jericó (6:2-5).

Este instante sería recordado por Josué como el momento que vio al “Príncipe” Guerrero liderando Su ejército para alcanzar la conquista. Josué lo reconoce como Dios mismo, y por eso se postra en señal de adoración; el mismo Señor le pide que se quite su calzado, como lo hizo con Moisés ante la zarza (Éx. 3), y le explica cómo debía atacar.

Aunque la idea parecería descabellada, pues nadie su hubiera imaginado atacar la ciudad solamente rodeándola por siete días y después tocar los cuernos, Josué comprendió perfectamente que esto no se trataba de lo que él pensaría hacer, esto se trataba del plan soberano del “Príncipe”, y ante esa orden no había discusión ni dudas, si venía de Él, eso era todo lo que necesitaba saber, y con ello obedecer.

Como leemos en los versículos siguientes a este pasaje (6:6 y ss.), Josué hace exactamente lo que el Señor le pidió que hiciera, y con ello consiguió en triunfo. Josué tuvo el privilegio de pelear junto al “Príncipe” y obtener la victoria.

Nosotros también nos enfrentamos constantemente en nuestras luchas espirituales, batallas que parecen insalvables; pero cuando aprendemos a confiar en Dios y a depender de Su guía, sabemos que lo que Él nos pida hacer es exactamente lo que necesitamos saber, y con eso obedecer. Aunque la batalla parezca perdida o el método poco tradicional, lo que el Señor nos diga nos guiará a la victoria, pues Suya es la batalla y Suyos la sabiduría y el poder. ¡Sometamos nuestra voluntad al “Príncipe”!

Publicado por Ministerio UMCD - Lengua de Señas

Reflexiones Cristianas. Salmos 1:2 "Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche."

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