Reconoce y adora Su misericordia

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Josué 8:30-35

“Entonces Josué edificó un altar a Jehová Dios de Israel en el monte Ebal, como Moisés siervo de Jehová lo había mandado a los hijos de Israel, como está escrito en el libro de la ley de Moisés, un altar de piedras enteras sobre las cuales nadie alzó hierro; y ofrecieron sobre él holocaustos a Jehová, y sacrificaron ofrendas de paz. También escribió allí sobre las piedras una copia de la ley de Moisés, la cual escribió delante de los hijos de Israel. Y todo Israel, con sus ancianos, oficiales y jueces, estaba de pie a uno y otro lado del arca, en presencia de los sacerdotes levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, así los extranjeros como los naturales. La mitad de ellos estaba hacia el monte Gerizim, y la otra mitad hacia el monte Ebal, de la manera que Moisés, siervo de Jehová, lo había mandado antes, para que bendijesen primeramente al pueblo de Israel. Después de esto, leyó todas las palabras de la ley, las bendiciones y las maldiciones, conforme a todo lo que está escrito en el libro de la ley. No hubo palabra alguna de todo cuanto mandó Moisés, que Josué no hiciese leer delante de toda la congregación de Israel, y de las mujeres, de los niños, y de los extranjeros que moraban entre ellos.”

Se escucha muy frecuentemente que el logro alcanzado por una persona es atribuido solamente al esfuerzo de aquella persona, en otras ocasiones se lo atribuye a la colaboración de un familiar o alguien más, muchas otras veces a la “vida” como un “ser” que brinda oportunidades, y otras tantas a la “suerte”. ¿Pero son en realidad todos estos elementos los generadores y/o facilitadores de tal logro o hay algo o alguien más detrás de tal consecución?

En el ámbito secular en su mayoría, éstos son los elementos que favorecen los logros, pero cuando aprendemos de la Biblia, nos damos cuenta que hay un solo Ser que permite que todo lo que consigamos haya sido alcanzado, y este Ser es Dios.

El ignorar la obra de Dios en las “ecuaciones de nuestra vida y logros” es negar la siempre existencia y la obra de un Dios soberano, poderoso, omnipresente, bueno y misericordioso. Nunca debemos pasar por alto, o ser negligentes, cuando consideremos todo lo que Dios hace y nos permite hacer.

Josué y el pueblo de Israel habían experimentado el poder y la misericordia de Dios en la conquista de Hai. En su primer intento ellos habían fallado porque habían tratado de hacer las cosas a su manera, confiando en sí mismos, y teniendo entre ellos el pecado de Acán (Jos. 7). Pero en su segundo intento, antes de nada, ellos buscaron a Dios, reconocieron y corrigieron el mal, y siguieron la guía del Señor para lograr la victoria (Jos. 8:1-29).

Al experimentar la misericordia de Dios en sus vidas, Josué guía al pueblo a levantar un altar y presentar en él una ofrenda de paz en el monte Ebal (v. 30-31), tal cual Dios le había dicho a Moisés que lo hiciera (Dt. 27:2-8). El altar debía ser hecho de piedras no talladas con “hierro”, es decir, sin ser profanadas. Tenía que así para honrar a Dios.

La ofrenda de paz era presentada a Dios en señal de la restitución de las relaciones con Él, manifestando con ello el agradecimiento por Su misericordia y bondad. Obviamente, para todos, esta ofrenda era su manifestación de gratitud, ya que el Señor les había perdonado y restaurado, y había entregado a Hai en sus manos. El pueblo nuevamente podía estar en paz consigo mismo, porque Dios no los había desechado, sino que la relación volvía a ser la de antes.

Nunca debemos olvidar que Dios es un Dios perdonador, Quien se enoja ante nuestro pecado, pero que está presto a perdonar y a restablecer Su relación con nosotros. Reconocer Su misericordia es motivo de adoración. Dios es bueno, justo, paciente, amoroso. Nosotros también podemos presentarnos a Él con manos limpias y postrarnos ante Su presencia y adorarle por Su eterna misericordia en favor nuestro. Si últimamente ha pecado y a pedido Su perdón, recuerde que Dios ya le perdonó, ahora adórele por Su misericordia.


Publicado por Ministerio UMCD - Lengua de Señas

Reflexiones Cristianas. Salmos 1:2 "Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche."

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