Colaborando con Dios

En nuestro crecimiento espiritual es igual, los créditos finales son de Dios, pero al pie de esa obra aparecen los nombres de todos los colaboradores que hicieron su aporte para lograr el trabajo final. Pablo y Apolo fueron esos colaboradores en la obra en la vida de la iglesia en Corinto.

El engrandecimiento por el servicio

La grandeza del servicio está en la capacidad que tiene el que brinda una obra de amor en favor de aquel que lo necesita. Es grande porque, quien sirve tiene capacidad de hacer algo que el otro necesita, y que muchas veces no tiene cómo cubrir esa necesidad. Por ejemplo, si hay alguien con hambre porque no tiene recursos para adquirir alimento, al poder proveerle de alimento la persona que sirve le está brindando algo que sí tiene, dando al necesitado; en esa capacidad de servir y ayudar está la verdadera grandeza.

De nuestro lado

¿Cómo miramos nosotros a personas que sin ser de nuestra iglesia local están sirviendo al Señor? ¿Cuáles podrían ser las verdaderas razones para diferenciarnos de otras personas? Pablo lo resumió de esta manera: “Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, quien está sobre todos, en todos y vive por medio de todos.” (Ef. 4:5, 6)

La verdadera valía del servicio

No solo los discípulos, sino todos nosotros, vivimos en una sociedad donde la relevancia de una posición o estatus representa cierto privilegio. Entre más alto llega una persona, más valor aparente tiene. Pero no es así en el reino. Dios mira la humildad y la entrega en el servicio como más valioso.

Siendo parte activa del reino

Todos los creyentes somos llamados a participar de esta obra, siendo instrumentos de Dios. Por tanto, todos tenemos el privilegio de ser parte de lo que Dios ha venido haciendo al incluirnos, pero también de lo que seguirá haciendo al invitarnos a participar de Su obra.