¿Cuán saludable es compartir con aquellos en pecado?

El testimonio de la iglesia debe ser tal que impacte favorablemente a una comunidad. Los integrantes de ella tienen que manifestar un cambio producido por un evangelio transformador. Pero muchos siguen viviendo una vida de pecado, y dan mucho que decir ante una sociedad que los observa con detenimiento.

Más que división, es ruptura

Hoy en día muchas personas se levantan con mucho fervor a decir que siguen a uno u otro predicador. Señalan con pasión que aquel o tal hermano ha hecho mucho, por lo cual ellos se expresan como un seguidor ferviente de aquel siervo. Esto genera sectarismo o separación en la iglesia.

Hablemos del divorcio (Parte II)

Pablo nos enseña que el rechazar a la pareja, siendo el matrimonio una relación que establece el concepto de “una sola carne”, está haciendo espiritualmente que la persona se aborrezca a sí misma, lo cual es incoherente (Ef. 5:28-31). El amor debe ser lo que siempre prevalezca en la pareja, y de esta manera siempre honraremos a Dios.

Hablemos del divorcio (Parte I)

Antes de que una pareja busque la separación, se debe tratar todas las posibilidades de restablecimiento del matrimonio. Podrán existir profundas heridas que quebranten la relación, pero nada que Dios, en Su voluntad, no pueda ayudar para que el matrimonio continúe tal como Él lo estableció.