¿De qué me sirve conocer a Dios?

¿Quien soy yo? es una de las dos preguntas que podemos responder cuando conocemos quién es Dios. Cuando le conocemos a Él, nos conocemos a nosotros mismos, nos vemos como Dios nos ve y comprendemos cuál es nuestra identidad.

¿Por qué debo conocer a Dios?

Algunos autores cristianos coinciden en que la pregunta más importante que todos como seres humanos debemos responder es: “¿Quién es Dios?” Porque de la respuesta a esa pregunta se define la dirección y los matices que la vida de cada hombre exhibirá, por eso, debemos interesarnos por saber “Quién es Él”, y una historia que ilustra muy bien ese proceso de conocerlo es la de Moisés, en el llamado que Dios le hizo podremos considerar algunas cosas para responder la pregunta: ¿Por qué debería conocer a Dios?

Nuestro entendimiento espiritual (I)

El privilegio que nos ha sido dado nos pone en una posición de gran bendición y responsabilidad. Bendición, porque ahora hemos sido salvos gracias a esta verdad del Mesías y Su obra redentora; pero responsabilidad, porque nos debe llevar a vivir dignamente y a compartir con otros esta bendición que nos fue dada.

Desde la antigüedad lo había planeado

Dios tiene total conocimiento de cada cosa que sucede en nuestras vidas, de hecho, Él es quien nos moviliza y también a otros para cumplir con sus propósitos presentes y eternos, Dios conocía perfectamente la amenaza por la que estaba pasando su pueblo, y había sido Él quien le había dado a Senaquerib el poder sobre esas ciudades que derrotó y dominó.

Respondiendo sabiamente ante las amenazas

La amenaza asiria que estaba enfrentando Ezequías podía tener unas consecuencias desastrosas para el pueblo si Dios no intervenía a su favor. Uno de los argumentos que usó el rey para amedrentar al pueblo fue su historial de victorias contra 9 naciones que no habían podido hacerle frente y salir victoriosos.

Nuestra gloria está en Él

Nuestra posición “en Cristo” debe ayudarnos a valorizarnos tal cual Dios nos valora. Y si bien, nuestra posición no fue lograda por nosotros, si nos pone en un lugar de gran bendición, y en esto podemos gloriarnos santamente, con humildad; y por tanto vivir eternamente agradecidos.

Salvos por la “locura”

La salvación podrá ser una “locura” para la necedad de la mente del hombre natural, pero como bien lo aclara Pablo, para el creyente “Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios”. (1 Co. 1:24)

¿Cómo responder a las amenazas de la vida?

La esperanza es que, si vivimos como la primera opción, también podemos seguir el ejemplo de Ezequías, derribando todo ídolo que haya en nuestro corazón, purificando nuestra vida y apartándonos para adorar únicamente a Dios; y así obtener su misericordia y gracia para enfrentar las adversidades.

La enfermedad, para la gloria de Dios

Dios a veces permite la enfermedad para su gloria, para demostrar en el mundo su poder, para que comprendamos que para Él no hay nada imposible.

Una posibilidad ante la enfermedad

Dios permite la enfermedad como consecuencia del pecado, porque es un instrumento divino para humillarnos y hacernos rendir a sus pies y a su santidad; para que lo confesemos, nos arrepintamos y vivamos conforme a su voluntad.

Siguiendo la guía de Dios

Nuestras vidas serán grandemente bendecidas y prosperadas si aprendemos de este principio vital en la vida de Nehemías. Su relación, dependencia y obediencia le llevó a tener éxito en todo lo que emprendía, y nuestras vidas también serán beneficiadas de estas características de este piadoso líder.

La “torpeza” del intrépido

La prudencia es una virtud que puede traer mucho beneficio. Nos ayuda a ser moderados en nuestro comportamiento y palabras, nos ayuda a percibir la diferencia entre las cosas, y nos evita caer en riesgos; en general, nos ayuda a actuar con precaución para evitar males.

Disfrutando el nacimiento de Jesús

El regalo de la paz, la salvación y la luz es el que encarna nuestro Señor Jesucristo, un regalo maravilloso que miles de personas han deseado a lo largo de la historia, que Simeón pudo tener en sus manos y que tú y yo también podemos tener creyendo en Cristo y en su obra de salvación.

Disfrutando el nacimiento de Jesús

El regalo de la paz, la salvación y la luz es el que encarna nuestro Señor Jesucristo, un regalo maravilloso que miles de personas han deseado a lo largo de la historia, que Simeón pudo tener en sus manos y que tú y yo también podemos tener creyendo en Cristo y en su obra de salvación.