¿Qué hacer cuando mi esposo/a es no creyente?

El deber del creyente es amar a su pareja, honrarla, orar por ella, y modelar una vida santa (1 P. 3:1-7). Podemos, a pesar de las diferencias espirituales, tener un hogar bueno con la ayuda de Dios, y ahí el creyente debe buscar ser agente transformador. Pero si el no creyente decide por su parte separarse, entonces la posibilidad de esa separación es posible, “pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios”. (1 Co. 7:15)

Considere la opción de vivir soltero

Si usted puede mantenerse soltero, considerando la opción de servir a Dios, es una gran decisión que puede hacer; pero si la necesidad de formar un hogar es algo importante en su vida, está muy bien casarse. En ambas condiciones todo creyente debe honrar a Dios y servirle en medio de las posibilidades propias de cada uno. Tengamos presente que “el tiempo es corto” y “apremia”, y esta vida es pasajera; el tiempo dado al Señor tiene provecho eterno (1 Co. 7:26, 29).

El matrimonio y las relaciones sexuales

Considerando que la base del matrimonio es el amor, Pablo nos hablará más adelante que el amor no es egoísta ni hace algo indebido, antes es bueno (1 Co. 13:4, 5); y considerando estos principios, las relaciones sexuales deben ser consideradas de la misma manera.