Declarado Dios por Su resurrección

El “evangelio de Dios” (Ro. 1:1) es el mensaje que Jesús es Dios, que se había encarnado (v. 3), que había muerto, pero que también había resucitado (v. 4). La declaración de la deidad de Cristo asegura que todo lo dicho por Él en cuanto al perdón de los pecados y la vida eterna que Él ofrece a todos los que ponen su fe en Él como Salvador son ciertas. ¡Esas son las Buenas Nuevas!

El Siervo obediente que se humilló

Cristo Jesús, siendo Dios, no se limitó a su deidad ni se aferró a ella (v. 6), sino que decidió hacerse “siervo”, uno que sometía su voluntad para hacer la voluntad de otro para obedecer (v. 7). Jesús venía a la tierra al hacerse Hombre para someterse a la voluntad del Padre y así llegar a la muerte sacrificial en la “cruz” (v. 8).

El Siervo que llevó mi pecado

Para que mis pecados sean perdonados, Cristo tuvo que llevar mi iniquidad a la cruz y pagar el castigo de ello. Al hacerlo estaba sirviendo voluntariamente proveyendo un bien que nunca yo hubiera conseguido, mi justificación.

El regalo de la libertad y la vida

Ser esclavo de alguien y destinado a muerte sin posibilidades nuestras de librarnos de ello es ya terrible como idea, pero el estar realmente esclavo y destinados a la muerte eterna y no saber que lo estamos es aún peor. Vivir una condición horrenda y sin saberlo es realmente dramático.

Recordando dignamente Su sacrificio

Todo creyente que ha sido bautizado puede participar de esta ordenanza, misma que debe ser recibida dignamente, porque con ella recordamos lo que el Hijo de Dios hizo por nosotros para salvarnos. Digno de juicio y de muerte es todo aquel que lo llega hacer indignamente sin discernir de lo que está participando. (v. 27-31)

La motivación es el amor

Cuando miramos hacia el sacrificio de la cruz, podemos encontrarnos con esta misma premisa. Dios, en su inmenso amor con que nos amaba, motivado por Su profundo deseo de rescatarnos, tuvo que realizar un acto que demandaba una acción incomparablemente grande, tenía que dar “a su Hijo unigénito” (v. 16).

Una insignia del creyente

La ira, los pleitos, el egoísmo, el odio, el rencor, la mentira, el orgullo, etc. son manifestaciones del pecado que afectan nuestra manera de comportarnos con los demás, y mientras ello exista en la iglesia los problemas no dejarán de existir. ¡Por eso es urgente que todos crezcamos ya!

¿Qué poder hay detrás de un ídolo?

La idolatría es uno de los pecados más nombrados en la Biblia, sobre todo en el A.T. Desde el Decálogo vemos que era uno de los pecados mencionados en las tablas que Dios dio a Moisés (Éx. 20:4). Y el Señor lo menciona constantemente para recordarnos que nuestra adoración debe ser dada solamente a Él.

¿Estamos realmente firmes?

Como creyentes, debemos ser prudentes y humildes. La prudencia nos ayudará a actuar apropiadamente, mientras que la humildad no recordará de que todos podemos caer. En cambio, la necedad nos hará actuar sin cordura, y el orgullo nos cegará haciéndonos creer que somos invencibles ante las tentaciones.

Considere la opción de vivir soltero

Si usted puede mantenerse soltero, considerando la opción de servir a Dios, es una gran decisión que puede hacer; pero si la necesidad de formar un hogar es algo importante en su vida, está muy bien casarse. En ambas condiciones todo creyente debe honrar a Dios y servirle en medio de las posibilidades propias de cada uno. Tengamos presente que “el tiempo es corto” y “apremia”, y esta vida es pasajera; el tiempo dado al Señor tiene provecho eterno (1 Co. 7:26, 29).

El matrimonio y las relaciones sexuales

Considerando que la base del matrimonio es el amor, Pablo nos hablará más adelante que el amor no es egoísta ni hace algo indebido, antes es bueno (1 Co. 13:4, 5); y considerando estos principios, las relaciones sexuales deben ser consideradas de la misma manera.

¿Problemas legales en la congregación?

Cuando un problema no puede ser solucionado a causa de la falta de arrepentimiento, lo mejor es dejarlo en manos de Dios. No tiene sentido seguir luchando, antes mejor es perdonar y seguir adelante. Recordemos que ambos somos miembros de la familia de Dios, y Él juzgará a Sus hijos injustos, como también honrará al agraviado. Si no hay solución terrenal ante el problema, déjelo en manos del Juez Eterno, Quien mira toda obra injusta. (Ro. 12:19)

¿Cuán saludable es compartir con aquellos en pecado?

El testimonio de la iglesia debe ser tal que impacte favorablemente a una comunidad. Los integrantes de ella tienen que manifestar un cambio producido por un evangelio transformador. Pero muchos siguen viviendo una vida de pecado, y dan mucho que decir ante una sociedad que los observa con detenimiento.

¿Realmente será salvo?

La doctrina de la seguridad de la salvación siempre ha traído gran polémica dentro de la Iglesia. Pero si miramos al consejo completo de toda la Biblia podemos mirar que la redención nunca la obtiene el hombre, antes es un regalo de Dios dado por gracia, y si el hombre no la obtiene, entonces no tiene poder para perderla, pues la justificación no es dada por el cumplimiento de los mandatos de Dios, sino por la fe en Jesucristo (Ro. 3:20-28; Gá. 2:16-21).

¡Cuidado con el orgullo!

Hoy en día, algunos hermanos de algunas iglesias podrían menospreciar a los otros creyentes por tener ciertas características que otros no tienen: Tamaño de congregación, ciertos ministerios u posibilidades de recursos, algunos maestros y predicadores, etc. La vanidad dentro de los creyentes aún se puede ver en nuestros días, y entre mayores esas diferencias, mayores las posibilidades de envanecerse.