¿Estoy en lo correcto creyendo en Jesús?

Desde los inicios de la historia humana ha existido la lucha entre lo verdadero y lo falso. Adán y Eva tuvieron que enfrentarse a ello, discerniendo entre las palabras de Dios y las de Satanás, lamentablemente para la raza humana, se equivocaron y consideraron correcto lo que era falso.

Respuestas que no esperamos de Dios

Pues la verdad es que, antes que nada, lo que más necesitamos es el perdón de Dios, arrepentirnos de nuestros pecados y confesar a Jesús como el Señor de nuestra vida (Ro. 3.10-12). Y eso es lo primero que Dios quiere darnos.

¿A quién adjudicamos la victoria?

Si bien las victorias en nuestras vidas son ganadas con nuestro esfuerzo y determinación, no debemos olvidar que detrás de nosotros está un Dios que pelea con y por nosotros para darnos esas victorias. Nada se podría lograr sin el favor de Dios.

El día que Dios escuchó a un hombre

¿Está dispuesto Dios a ayudar a todo hombre que necesita de Su favor? ¿Y será que Dios nos va a ayudar en todo lo que queramos en todo momento? Estas preguntas son muy comunes entre las personas cuando enfrentan una necesidad y requieren la ayuda del Señor, pero no siempre le buscan, o sea porque no creen que Dios pueda escucharlos, o en algún momento pidieron Su favor y no tuvieron lo pedido.

Ora por la persona que Dios tiene para ti

Recuerda Dios tiene una persona para ti, pero desde ahora necesitas orar para que Él te vaya guiando hacia esa persona. Ora y confía en que Dios está guardando a esa persona que pasará a tu lado el resto de la vida.

Su “gracia” es todo lo que necesitamos

Cuando enfrentemos problemas, pidamos a Él que nos ayude a comprender el porqué de lo que sucede (2 Co. 12:8-9; Comp. Stg. 1:3-5), y entendiendo el propósito, aceptaremos con mayor agrado la respuesta que nos dé ante nuestra petición. En esa confianza, basado en la “gracia” de Dios, hallaremos lo que necesitaremos muchas veces para enfrentar las dificultades.

Con olor de “triunfo”

Para Dios cada creyente que ha aceptado a Cristo como su Salvador y que ha puesto en sus hombros la responsabilidad santa de predicar el evangelio llevándolo a cabo con amor y tenacidad es motivo de celebración triunfante. Pablo nos dice que da “gracias a Dios que siempre nos lleva en el desfile victorioso de Cristo y que por medio de nosotros da a conocer su mensaje, el cual se esparce por todas partes como un aroma agradable.” (2 Co. 2:14 DHH)

Aproveche la “puerta” abierta

Cada uno de nosotros tenemos oportunidades únicas que se nos presentan como providencia del Señor para poder predicar el evangelio a personas en momentos específicos de nuestro caminar, lo que debemos es estar atentos a esas oportunidades y aprovecharlas.

Confiando en Su tiempo

Dependa de Dios antes de actuar, mire si es tiempo de hacer algo, o si debe esperar. Confiar en Dios requiere muchas veces ser paciente, y sentarse en otras (Sal. 46:10); pero nada será tardío, todo encajará apropiadamente.

Clamando restauración

Para poder mirar la obra de Dios, debemos recordar que necesitamos de Él con sentido pleno de dependencia, no de apoyo solamente. Como creyentes, no necesitamos la “colaboración de Dios” para lograr nuestros deseos; al contrario, debemos recordar que sin Su participación nada se puede lograr en términos reales.

Ante la adversidad, orar

La falta de voluntad para enfrentar las pruebas nos puede llevar a mirar a las tentaciones, y a las salidas pecaminosas. Una adversidad puede ser tan intensa que, para algunos de nosotros, la única salida será terminar esta con un acto pecaminoso o inapropiado.

¡También hay que perdonar!

La palabra “perdonad” que se traduce en este pasaje tiene el concepto o la idea de dejar, enviar fuera, despedir o abandonar. Una persona debe “dejar” de mantener el rencor o de “despedir” el recuerdo de la deuda de alguien tiene en contra. Con este concepto, lo que debemos hacer es sacar de nosotros esa actitud negativa que está en contra de alguien, o de “abandonar” el deseo de buscar restitución.

Oremos para celebrar

En este pasaje vemos la relevancia que tenía Jesús con su tiempo junto a Dios Padre por medio de la oración. Muchos hubiéramos publicado grandes anuncios en redes sociales, o tal vez, impreso eso en el boletín del servicio dominical, o de alguna otra forma celebrarlo. Pero Jesús, mostrándonos una característica única, despide a todos y se va al monte a orar.