Cuídese de los engaños

El engaño, una de las más antiguas tretas del enemigo. Desde el Edén, satanás a usado esta estrategia para destruir la obra de Dios (Gn. 3:1-6). El fin de ello es “hurtar, matar y destruir” (Jn. 10-10). Y en el caso de la obra que el Señor estaba haciendo en Jerusalén, esta arma sería usada para buscar lograr detenerlo todo.

Restituyendo nuestra injusticia

Para lograr una verdadera reconstrucción de nuestras vidas, tenemos que mirar hacia aquellos que hicimos daño, pedir perdón y buscar una restitución apropiada a mal causado. Solo ahí podremos continuar con la reconstrucción apropiada de nuestra vida y nuestras relaciones con los demás.

Lo soportó por amor

Jesús enfrentó todo esto por amor a nosotros. Sin merecerlo, sin esquivarlo, sin cuestionamientos, sin dilataciones; con valor, con determinación, en silencio y con amor. Cristo quería salvarnos del castigo eterno del infierno, y para que eso fuera posible, Él tendría que llevar nuestro castigo (Is. 53:5).

Terrible canje

Hoy, muchos rechazan abiertamente al Señor, muchos que buscan en otros lugares hallar significado en la vida, menosprecian a Jesús. Muchos de ellos lo buscan solamente para que solucione sus problemas temporales, pero no lo buscan como Dios y Señor de sus vidas.

“Culpable” de decir la verdad

Si alguna vez es llevado a un juicio, en donde el fiscal, los testigos y el juez están de acuerdo para acusarlo a usted y hacerle culpable, ¿qué posibilidad existe de ser declarado inocente? … ¡Ninguna!

Persecución cobarde e injusta

Jesús nos recuerda que, así como a Él le aborrecieron, a nosotros también nos aborrecerán (Jn. 15:18, 19). Pero también nos recuerda que debemos estar doblemente felices, porque mientras nos odien, sabremos que hemos hecho lo justo, y por eso ellos no lo pueden soportar (Mt. 5:10-12).

Tal como estaba esperado

Si pudiéramos conocer un poco de todo lo que Dios sabe que nos va a acontecer en el futuro, nos sorprendería, pues, aunque no todo será placentero o bueno, todas esas cosas Él las podrá utilizar para nuestro bien, y en esa verdad puede descansar nuestra alma. (Ro. 11:33; Sal. 139:1-6, 17)

Algunas características del mal

Lo único que puede restaurar nuestra maldad es una relación con Dios. Todo nace con reconocer nuestro pecado y arrepentirnos, llegar a ser salvos por fe para ser regenerados a una naturaleza espiritual (Ef. 2:1-5); y después de ser salvos y recibir el don del Espíritu Santo, lo que nos ayuda a cambiar nuestra maldad en piedad es esa relación constante con Dios, dependiendo del poder de Su Espíritu para hacerlo (2 Co. 3:18).

Síntomas de un endurecido corazón

La distinta reacción del hombre ante la obra de Dios manifiesta su estado espiritual. Las personas que miraron todo lo acontecido, y que conocían al endemoniado, que era una persona literalmente incontrolable (Mr. 5:2-5), en vez de reaccionar con aprecio y fe ante su transformación (Mr. 5:15), tuvieron pánico y rechazaron al Señor y Su obra.