¡No hay un saludo más lindo!

La próxima vez que vea a un hermano en Cristo, dese el tiempo a expresar lo bendecido que se siente en conocerlo, el gozo que tiene en saber que tenemos una misma fe y que somos de una misma familia. Exprésele palabras de bendición y buen deseo, y si es posible, pueden darse un “ósculo santo” (v. 21).

¡Llámalo Papá!

Dios es nuestro padre y eso implica un cambio fundamental en la forma de relacionarnos con Él. Cuando Pablo en Romanos 8.15 expresó esa confianza que tenemos con Dios, nos dice que podemos llamarle “Abba”. El comentario de la Biblia Popular nos dice que “Abba” era la palabra aramea para “padre”, y que era la forma común que usaba un niño para dirigirse a su progenitor al pedirle algo. Esta expresión involucra un sentido de confianza, seguridad, aceptación y esperanza que provienen de un corazón que se siente amado por Dios.

Dando valor a las relaciones

Muchos hemos puesto demasiado énfasis en nuestra familia terrenal cuando se trata de seguir a Dios y de hacer Su voluntad. Ellos se han convertido en un obstáculo para cumplir con nuestra obediencia. Y Jesús nos recuerda que tenemos que discernir apropiadamente cuando se trata de tomar decisiones.