¡Hoy puede ser su día!

La salvación es considerada una gracia de Dios porque es un regalo inmerecido para el hombre. Dios en su deseo de salvar al hombre, y por la incapacidad moral de este último para hacerlo, le brinda la oportunidad de hallar salvación por medio de la fe en la obra de Cristo (Ef. 2:8, 9). Las malas y falsas enseñanzas en cambio siempre presentan a la obra de salvación como una capacidad propia del hombre en base a méritos de conducta o religión. ¡Esto es falso!

Mensajero de reconciliación

Ahora, todos los que hemos sido perdonados y reconciliados por medio de Cristo, somos llamados a participar como mensajeros de reconciliación por medio de la predicación del evangelio. Cristo es el agente que hace posible la reconciliación, y el deseo del Señor es que nosotros que hemos sido perdonados, podamos por nuestra propia experiencia hablar a otros de esta única oportunidad.

Confianza que fortalece

No solo que Dios manifiesta su poder en nosotros, sino que sigue obrando a pesar de todo lo que pasa, con el propósito de dar a conocer de Su inmenso amor a aquellos que sí escucharan el mensaje del evangelio. En esta fragilidad nuestra se evidencia el poder de Dios, y esa es la confianza que nos fortalece para seguir fieles en la predicación del evangelio.

La Luz Verdadera nos iluminó

Dios es quien obra en el hombre a través de la predicación del evangelio y de la obra del Espíritu Santo para dar entendimiento de Su verdad. Así como el mundo estuvo en tinieblas, el hombre que se encuentra perdido está en tinieblas espirituales, y necesita de Dios para que cambie ello.

Con olor de “triunfo”

Para Dios cada creyente que ha aceptado a Cristo como su Salvador y que ha puesto en sus hombros la responsabilidad santa de predicar el evangelio llevándolo a cabo con amor y tenacidad es motivo de celebración triunfante. Pablo nos dice que da “gracias a Dios que siempre nos lleva en el desfile victorioso de Cristo y que por medio de nosotros da a conocer su mensaje, el cual se esparce por todas partes como un aroma agradable.” (2 Co. 2:14 DHH)

Aproveche la “puerta” abierta

Cada uno de nosotros tenemos oportunidades únicas que se nos presentan como providencia del Señor para poder predicar el evangelio a personas en momentos específicos de nuestro caminar, lo que debemos es estar atentos a esas oportunidades y aprovecharlas.

¿Vacilante?

El carácter vacilante es una de las características de una persona inmadura o insegura (Stg. 1:6-8; 5:12). Esta persona genera desestabilidad en su manera de actuar y provoca incredulidad hacia él mismo en las personas a su alrededor.

Cuatro principios para aprovechar el tiempo

No desperdiciemos nuestro tiempo, pidámosle a Dios la sabiduría que necesitamos para aprovecharlo lo mejor posible y enfoquémonos en lo que ya sabemos que es eterno.

¿Cómo aprovechar los años que Dios nos da?

En la búsqueda de esa sabiduría haríamos bien en pedir que se nos permita comprender la brevedad de la vida, así como el Salmista lo hace (Sal. 90.10-12). Porque ese conocimiento nos ayudará a tener un temor reverente por nuestro Dios.

¿Qué impide que nos relacionemos con Dios?

La historia de Isaías lo ilustra perfectamente y nos deja ver la santidad de Dios, el hecho de que Él es “otro”, diferente de todos nosotros en un sentido moral y en su naturaleza, que es perfecto, puro y por eso está obligado a rechazar el pecado y la imperfección, lo cual es la razón por la que hay un “abismo espiritual” entre Él y nosotros.

¿Tienes problemas judiciales con Dios?

¿Te imaginarías un juez que además de dictar sentencia contra el culpable, es capaz de cumplir la sentencia que Él mismo le impuso?

¿Y usted ya está sujeto a Él?

Si la muerte será finalmente sujeta a Cristo, y Satanás y los no creyentes finalmente reconocerán la autoridad del Señor, aunque ellos sin arrepentimiento, y serán condenados. ¿Por qué al creyente le cuesta mucho someterse al Señor?

Sin resurrección no habría sustento

La resurrección de Cristo brinda seguridad de la certeza del mensaje y esperanza de que todos tendremos la misma posibilidad de levantarnos de los muertos para pasar eternamente en la presencia de Dios. La pregunta que debemos hacernos ahora es: ¿Ya creo en Cristo como mi Salvador?

El Evangelio y las Escrituras

La obra de redención de Cristo es la que salva al hombre. Él vino a morir en la cruz por nuestros pecados, fue sepultado como prueba de que sí había muerto, pero resucitó para manifestar Su poder y victoria sobre la muerte y el pecado. Este mensaje es el Evangelio, y todo aquel que creyere en estas Buenas Nuevas tiene la oportunidad certísima de salvación (Comp. Ro. 10:9-10).

Declarado Dios por Su resurrección

El “evangelio de Dios” (Ro. 1:1) es el mensaje que Jesús es Dios, que se había encarnado (v. 3), que había muerto, pero que también había resucitado (v. 4). La declaración de la deidad de Cristo asegura que todo lo dicho por Él en cuanto al perdón de los pecados y la vida eterna que Él ofrece a todos los que ponen su fe en Él como Salvador son ciertas. ¡Esas son las Buenas Nuevas!