Cuarenta años de cuidado

Dios no solo los sostuvo con la ropa (Dt. 29:5), ni solo les ayudó en las batallas, no tan solo fue su guía de día y de noche, sino que Él les mantuvo con agua y alimento por todo el tiempo que estuvieron deambulando por el desierto; los israelitas vieron la mano de Dios por cuarenta años sin cesar, ¡qué gran cuidado!

¿Hay un tercer cielo?

Por ahora siguen muchas interrogantes que posiblemente serán respondidas cuando lleguemos a Su presencia, pero hasta el momento la esperanza que todos tenemos de llegar a ese lugar tan especial está dado por el Señor, y Él nos está preparando un lugar especial allí, a todos los que creemos en Él (Jn.14:1-6).

Caminando por fe hacia lo eterno (Parte II)

El Tribunal de Cristo es una realidad futura para el creyente, como real va a ser el infierno para el no creyente. La diferencia en el destino no lo marca la vida presente del comportamiento de cada uno, porque todos somos pecadores, sino la fe en la obra de Cristo, Quien nos libra de la condenación cuando pusimos nuestra esperanza en el perdón de Dios por medio de Su obra redentora (Ro. 8:1-3).

Caminando por fe hacia lo eterno (Parte I)

Muchas veces nuestra visión es corta cuando se trata de sufrimientos o esfuerzos. Estamos tan acostumbrados a vivir el presente y lo que hay para esta vida, que nos olvidamos que todo esto algún día perecerá. Nuestro deseo de “mimar” nuestro presente y asegurar nuestro futuro mediato nos ha alejado de la perspectiva correcta. (Comp. Col. 3:1-4)

¿Qué impide que nos relacionemos con Dios?

La historia de Isaías lo ilustra perfectamente y nos deja ver la santidad de Dios, el hecho de que Él es “otro”, diferente de todos nosotros en un sentido moral y en su naturaleza, que es perfecto, puro y por eso está obligado a rechazar el pecado y la imperfección, lo cual es la razón por la que hay un “abismo espiritual” entre Él y nosotros.

¿Tienes problemas judiciales con Dios?

¿Te imaginarías un juez que además de dictar sentencia contra el culpable, es capaz de cumplir la sentencia que Él mismo le impuso?

Incorruptible e inmortal es la victoria

La enseñanza de la resurrección nos alienta a mirar hacia lo eterno. ¿Podría imaginarse una vida finita, sin esperanza de una eternidad? Que terrible sería. Lo cierto es que sí hay resurrección y sí hay eternidad, y esto nos motiva a mirar hacia lo que está por venir.

¿Cómo será nuestro cuerpo en la eternidad?

Preguntas sobre ¿qué edad tendremos cuando estemos allá? ¿si todos nos vamos a reconocer? o ¿si realmente todos usaremos vestidos blancos o no? son muchas de las interrogantes que vienen a nuestra mente. Pero lo que es más importante es lo que la Biblia sí nos responde: Nuestros cuerpos serán glorificados, ya no habrá más pecado en él, físicamente tendremos características de tiempo y espacio que nos darán capacidades diferentes a las actuales para pasar la eternidad, entre otras. Todas son maravillosas noticias.

Viviendo en coherencia a la esperanza

El creyente que realmente conoce a Dios y reconoce el sacrificio de Cristo sabe que lo menos que Dios espera y merece de nosotros es nuestra consagración. El entendimiento que la eternidad con Dios nos espera es motivo para vivir en función a ello. Recordemos que lo que sembramos ahora se cosechará en el cielo, y que nuestra vida debe ser un reflejo de nuestra creencia de quien es Dios, de la redención en Cristo, y de lo que esperamos en la eternidad. Esto dejará un impacto positivo en quienes nos miran a nuestro alrededor.

Considere la opción de vivir soltero

Si usted puede mantenerse soltero, considerando la opción de servir a Dios, es una gran decisión que puede hacer; pero si la necesidad de formar un hogar es algo importante en su vida, está muy bien casarse. En ambas condiciones todo creyente debe honrar a Dios y servirle en medio de las posibilidades propias de cada uno. Tengamos presente que “el tiempo es corto” y “apremia”, y esta vida es pasajera; el tiempo dado al Señor tiene provecho eterno (1 Co. 7:26, 29).

Movido por voluntad de Dios

Dios tiene que obrar en el corazón del hombre, moviendo su voluntad a la de Él, y cuando todo esté listo para iniciar, entonces todo encaja en tiempo y recursos. La maravillosa obra de Dios está diseñada desde antes del inicio de los tiempos, y ha sido establecido por Dios para que todo encaje en el plan maestro del Señor. (Ecl. 3:11, 14-15)