Viviendo en coherencia a la esperanza

El creyente que realmente conoce a Dios y reconoce el sacrificio de Cristo sabe que lo menos que Dios espera y merece de nosotros es nuestra consagración. El entendimiento que la eternidad con Dios nos espera es motivo para vivir en función a ello. Recordemos que lo que sembramos ahora se cosechará en el cielo, y que nuestra vida debe ser un reflejo de nuestra creencia de quien es Dios, de la redención en Cristo, y de lo que esperamos en la eternidad. Esto dejará un impacto positivo en quienes nos miran a nuestro alrededor.

El destructivo legalismo

«El sábado es una institución sagrada y divina, pero ha de observarse como un beneficio y un privilegio, no como una carga insoportable. Dios nunca se propuso que fuera una imposición y tampoco nosotros debemos tomarlo así ni imponerlo a otros. El ser humano fue hecho para Dios, para Su honor y servicio, no para el sábado. Por eso, quiso que el sábado fuera para el hombre, para su beneficio y descanso» (H. Matthew)

Requerimos comenzar de nuevo

W. MacDonald dice así: «Jesús estaba comparando la Antigua Dispensación con el vestido viejo. Dios nunca tuvo la intención de que el cristianismo fuese un remiendo del judaísmo: era un nuevo punto de partida. El dolor de la Vieja Era, expresado en el ayuno, había de dejar el paso al gozo de la Nueva»