Santidad

Si nos acercamos a Dios y le pedimos que nos limpie nuestros pecados vamos a anhelar vivir una vida con un corazón en santidad, un corazón santo ante los ojos de Dios, un corazón que solo puede llegar a tener esta santidad mediante la guía del Espíritu Santo.

El pecado

Vemos que hay muchas cosas buenas que nosotros las convertimos en pecado, puede ser una persona, una situación, una película, una serie, una canción, etc. Hay muchísimas cosas que nosotros las podemos convertir en pecado cuando ponemos eso como prioridad antes que a Dios.

¿Cómo convertirse en gozo de los padres?

Si queremos honrar a nuestros padres y traer alegría a sus vidas aprendamos a ser sabios, prudentes, escuchemos el consejo, y tomemos decisiones sabias, que no solo les alegrará a ellos, sino que nos traerá muchas bendiciones a nuestra vida. El necio solo traerá desconsuelo.

Escucha y valora la instrucción de los padres

La actitud reverente y prudente del hijo es realmente apreciado, es una marca maravillosa que resalta en el carácter de los hijos y que es digno de alabanza de todos. Así que, la próxima vez que quiera el joven hacer algo, escuche a los padres, ponga atención a la instrucción, considere sabiamente lo que ellos tengan que decir con amor, y recordemos que el escucharlos es agradable ante Dios.

El inicio supremo para alcanzar sabiduría

La obediencia a Dios es una actitud que siempre me llevará a vivir alejado del pecado, a actuar siempre en función de lo bueno y provechoso para mi vida y la de los demás. Bajo este concepto, sabré que todo lo que haga no traerá malas consecuencias por una falla mía, mas bien, traerá prosperidad. Todo ese comportamiento entrará dentro de lo prudente y apropiado, y eso es vivir una vida que sobresale del mundo y que se resalta dentro lo mejor.

¿Estamos realmente firmes?

Como creyentes, debemos ser prudentes y humildes. La prudencia nos ayudará a actuar apropiadamente, mientras que la humildad no recordará de que todos podemos caer. En cambio, la necedad nos hará actuar sin cordura, y el orgullo nos cegará haciéndonos creer que somos invencibles ante las tentaciones.

Aprendiendo de experiencia ajena

Si deseamos tener una vida buena, llena de bendiciones y bajo la protección del Señor, tenemos que vivar agradándole en obediencia, como una muestra de nuestro agradecimiento y reconocimiento por todo lo que ha hecho por nosotros.