La academia de la consolación

Las pruebas tienen el propósito de renovar nuestro interior, sacando lo indeseable y forjando un carácter similar al del Señor (Ro. 5:1-5; Stg. 1:3-5; 1 P. 1:6-9). Mientras estemos en esta vida siempre enfrentaremos tribulaciones, eso es parte de vivir en un mundo caído, y Dios permite que lleguen a nuestras vidas esas dificultades para nuestra transformación mientras Él nos ayuda a salir en victoria (Jn. 16:33).

Desde la antigüedad lo había planeado

Dios tiene total conocimiento de cada cosa que sucede en nuestras vidas, de hecho, Él es quien nos moviliza y también a otros para cumplir con sus propósitos presentes y eternos, Dios conocía perfectamente la amenaza por la que estaba pasando su pueblo, y había sido Él quien le había dado a Senaquerib el poder sobre esas ciudades que derrotó y dominó.

Respondiendo sabiamente ante las amenazas

La amenaza asiria que estaba enfrentando Ezequías podía tener unas consecuencias desastrosas para el pueblo si Dios no intervenía a su favor. Uno de los argumentos que usó el rey para amedrentar al pueblo fue su historial de victorias contra 9 naciones que no habían podido hacerle frente y salir victoriosos.

¿Cómo responder a las amenazas de la vida?

La esperanza es que, si vivimos como la primera opción, también podemos seguir el ejemplo de Ezequías, derribando todo ídolo que haya en nuestro corazón, purificando nuestra vida y apartándonos para adorar únicamente a Dios; y así obtener su misericordia y gracia para enfrentar las adversidades.

La enfermedad, para la gloria de Dios

Dios a veces permite la enfermedad para su gloria, para demostrar en el mundo su poder, para que comprendamos que para Él no hay nada imposible.

Una posibilidad ante la enfermedad

Dios permite la enfermedad como consecuencia del pecado, porque es un instrumento divino para humillarnos y hacernos rendir a sus pies y a su santidad; para que lo confesemos, nos arrepintamos y vivamos conforme a su voluntad.