En la “sala de emergencia” del reino

El Señor sigue obrando con poder. Él conoce cada uno de aquellos que están enfermos. Dios puede obrar todavía milagros de sanidad. Ahora, recordemos que no todo enfermo en Israel fue sanado de toda dolencia en los años de ministerio de Jesús, pero los que lo buscaron con fe sabían que Él tenía poder para sanar. Confiemos en Su voluntad para obrar en nuestro favor, pero nunca dudemos de Su capacidad.

La dureza produce “torpeza” espiritual

Como es el pecado lo que endurece nuestro entendimiento a las cosas espirituales, necesitamos de herramientas divinas para que podamos cambiar esta condición de “torpeza”. La obra del Espíritu Santo es lo que inicia el proceso de la transformación de nuestra dureza; y utilizando la Palabra de Dios (He. 4:12), Él obra para ayudarnos a responder progresivamente.

El débil poder moral de la conciencia

Para que nosotros cambiemos, necesitamos de Dios para hacerlo. Somos tan perversos que podemos cauterizar nuestra conciencia al punto de llegar a ser insensibles (1 Ti. 4:2). Pidamos a Dios que no nos deje alejarnos tanto en pos del pecado, que ya ni siquiera escuchemos al Espíritu Santo, quien puede ser apagado también por nuestra maldad (1 Ts. 5:19)