Inmaduros espirituales

¿Cómo va en su crecimiento espiritual? ¿Cuánto tiempo lleva de creyente y cuánto cree usted que ha llegado a crecer en todo ese tiempo? ¿La gente que está a su alrededor puede observar madurez espiritual en usted?

Nuestro entendimiento espiritual (II)

¿Cree usted que Dios puede hablarle? ¿Si es así, que tiempo pasa diariamente escuchándolo? ¿Y si lo escucha, está obedeciéndolo?

Intencionalmente en Su Palabra

¿Cuál es nuestra actitud cuando nosotros vamos a la Palabra de Dios? ¿Leemos simplemente con el propósito de cumplir un requisito, o ponemos mucha atención a lo que leemos para que la Biblia nos transforme? ¿Se produce adoración antes y después de la lectura de las Escrituras, o solo cerramos las páginas y seguimos nuestra cotidiana vida?

Lo que debemos esperar (VI)

La promesa del regreso de Cristo es algo veraz, y el tiempo está establecido en la potestad del Padre. La razón por qué Cristo no ha llegado aún es porque “es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P. 3:9). El Señor todavía está dando tiempo al hombre a arrepentirse para salvarlo; espera pacientemente; pero será por un poco de tiempo.

Lo que debemos esperar (V)

Mientras miramos atentos a los acontecimientos, sigamos esperando Su venida como las “vírgenes prudentes” que ansiosas, esperan la venida de su Señor (Mt. 25:1-13). Recordemos que todo lo que existe a nuestro alrededor será consumido, y que todas las promesas que Dios nos ha dado en Su Palabra se cumplirán tal cual Él nos lo ha dicho (2 Co. 1:20).

Lo que debemos esperar (II)

Muchos creyentes han sufrido el rechazo absoluto de la misma familia, excluyéndolos de sus relaciones por completo, y hasta con amenazas físicas. Pero en los días de la Tribulación esa maldad se incrementará porque todos van en pos de la falsa religión que el anticristo y el falso profeta propagarán.

La certeza de Su Palabra

La lección más valiosa que podemos obtener de este relato es la certeza que podemos tener en la Palabra de Dios. Es infalible, inerrante, confiable, segura. Todo lo dicho por Dios se ha cumplido, y podemos tener la seguridad que todo lo que falta se cumplirá. Confiar en la Biblia es nuestra mayor seguridad para hoy y el mañana.

Advertencia en contra de los maestros

La enseñanza de la Palabra de Dios es un privilegio que pocos tienen, pero tiene una responsabilidad muy grande. El uso inapropiado del conocimiento de la verdad puede traer juicio delante de Dios (Mr. 12:40; Stg. 3:1).

El Dios de vivos

Jesús utiliza el pasaje de Éxodo para hablarles a los saduceos de la resurrección porque ellos solo aceptaban la validez del Pentateuco, los libros escritos por Moisés. Pero en otros pasajes como en Daniel 12:2, podemos leer que hay una resurrección “para vida eterna” y otra “para vergüenza y confusión”, haciendo referencia a que existe una resurrección para los salvos que pasarán la eternidad en el cielo, mientras que los otros resucitaran para enfrentar la condenación.

Diálogos celestiales

La transfiguración de Jesucristo debió haber generado un impacto en la vida de sus tres amados discípulos. Posteriormente Pedro dijo que vieron Su gloria y majestad (2 P. 1:16, 17). Una luz muy intensa salía del interior de Jesús de tal manera que aún la ropa fue modificada por ese resplandor.

La dureza produce “torpeza” espiritual

Como es el pecado lo que endurece nuestro entendimiento a las cosas espirituales, necesitamos de herramientas divinas para que podamos cambiar esta condición de “torpeza”. La obra del Espíritu Santo es lo que inicia el proceso de la transformación de nuestra dureza; y utilizando la Palabra de Dios (He. 4:12), Él obra para ayudarnos a responder progresivamente.

El mal del endurecimiento de corazón

La dureza del corazón es la acción o el estado de resistir y rechazar la Palabra de Dios y Su voluntad. Este rechazo puede incluir al mensaje como el mensajero lo que entrega.

El destructivo legalismo

«El sábado es una institución sagrada y divina, pero ha de observarse como un beneficio y un privilegio, no como una carga insoportable. Dios nunca se propuso que fuera una imposición y tampoco nosotros debemos tomarlo así ni imponerlo a otros. El ser humano fue hecho para Dios, para Su honor y servicio, no para el sábado. Por eso, quiso que el sábado fuera para el hombre, para su beneficio y descanso» (H. Matthew)

Requerimos comenzar de nuevo

W. MacDonald dice así: «Jesús estaba comparando la Antigua Dispensación con el vestido viejo. Dios nunca tuvo la intención de que el cristianismo fuese un remiendo del judaísmo: era un nuevo punto de partida. El dolor de la Vieja Era, expresado en el ayuno, había de dejar el paso al gozo de la Nueva»