¿Estamos realmente firmes?

Como creyentes, debemos ser prudentes y humildes. La prudencia nos ayudará a actuar apropiadamente, mientras que la humildad no recordará de que todos podemos caer. En cambio, la necedad nos hará actuar sin cordura, y el orgullo nos cegará haciéndonos creer que somos invencibles ante las tentaciones.

Aprendiendo de experiencia ajena

Si deseamos tener una vida buena, llena de bendiciones y bajo la protección del Señor, tenemos que vivar agradándole en obediencia, como una muestra de nuestro agradecimiento y reconocimiento por todo lo que ha hecho por nosotros.

La responsabilidad al ser enseñados

Como alumnos del Señor, nosotros seremos sabios en la medida en la que aplicamos las enseñanzas en nuestras vidas. Salomón dijo que sabio es aquél que escucha y usa apropiadamente lo que aprende, pero necio es aquel que escucha y no hace uso de lo aprendido (Pr. 10:8).

¿Cómo puedo ser fructífero?

Depende de nuestra vida y de dónde se encuentra nuestro corazón para permitir que la Palabra de Dios produzca fruto. Si nuestro corazón está duro como el camino, sin suficiente terreno fértil como las piedras, o con muchos “espinos”, nunca dará el fruto adecuado. Debemos prepararnos y enfocarnos a dejar que la Biblia nos transforme y produzca los cambios (frutos) que necesitamos.