¡No hay un saludo más lindo!

La próxima vez que vea a un hermano en Cristo, dese el tiempo a expresar lo bendecido que se siente en conocerlo, el gozo que tiene en saber que tenemos una misma fe y que somos de una misma familia. Exprésele palabras de bendición y buen deseo, y si es posible, pueden darse un “ósculo santo” (v. 21).