¡Hay que esforzarnos!

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Josué 23:1-11

“Aconteció, muchos días después que Jehová diera reposo a Israel de todos sus enemigos alrededor, que Josué, siendo ya viejo y avanzado en años, llamó a todo Israel, a sus ancianos, sus príncipes, sus jueces y sus oficiales, y les dijo: Yo ya soy viejo y avanzado en años. Y vosotros habéis visto todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho con todas estas naciones por vuestra causa; porque Jehová vuestro Dios es quien ha peleado por vosotros. He aquí os he repartido por suerte, en herencia para vuestras tribus, estas naciones, así las destruidas como las que quedan, desde el Jordán hasta el Mar Grande, hacia donde se pone el sol. Y Jehová vuestro Dios las echará de delante de vosotros, y las arrojará de vuestra presencia; y vosotros poseeréis sus tierras, como Jehová vuestro Dios os ha dicho. Esforzaos, pues, mucho en guardar y hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, sin apartaros de ello ni a diestra ni a siniestra; para que no os mezcléis con estas naciones que han quedado con vosotros, ni hagáis mención ni juréis por el nombre de sus dioses, ni los sirváis, ni os inclinéis a ellos. Mas a Jehová vuestro Dios seguiréis, como habéis hecho hasta hoy. Pues ha arrojado Jehová delante de vosotros grandes y fuertes naciones, y hasta hoy nadie ha podido resistir delante de vuestro rostro. Un varón de vosotros perseguirá a mil; porque Jehová vuestro Dios es quien pelea por vosotros, como él os dijo. Guardad, pues, con diligencia vuestras almas, para que améis a Jehová vuestro Dios.”

Esforzarse es realizar acciones físicas o morales enérgicas en busca de un objetivo, y en el pasaje que estamos aprendiendo, el objetivo es alcanzar la obediencia a Dios.

En el Libro de Josué, Dios utiliza ocho veces la palabra «hazaq» (fortalecer, esforzar o endurecer), y de éstas, cinco veces se traduce como “te esfuerces”, “esfuérzate” o “esforzaos” (Jos. 1:6, 7, 9, 18; 23:6), y todas ellas relacionadas con la obediencia a Dios y al esfuerzo enérgico que tiene que hacer el hombre para seguirle a Él.

Es evidente que el éxito de todo lo que pasó en la historia de este apasionante Libro gira en torno a la obediencia.

La obediencia requiere de esfuerzo porque necesitamos estirar nuestra voluntad hacia la voluntad de Dios, o de recortar o limitar nuestra voluntad al pecado. Si bien nosotros solos no podemos, dependemos del Espíritu Santo para poder vencer a la carne, somos nosotros quienes necesitamos dar ese esfuerzo voluntario de querer permanecer dentro de la voluntad de Dios para no desobedecer. Es una lucha intensa entre mi naturaleza pecaminosa y la voluntad del Señor.

Josué apela a la obediencia del pueblo, y no solo le pide que se esfuerce, sino que se esfuerce “mucho en guardar y hacer todo lo que está escrito” (v. 6), y para ello les da varias razones: Dios les dio el “reposo” (v. 1); ellos vieron la obra de Dios en su favor (v. 3); lo recibido fue la “herencia” prometida (v. 4); no hubo quien haya podido pelear en contra de ellos (v. 5, 9), y que no olviden de la fidelidad de Dios a Su Palabra (v. 14). Y lo que les pide es: Que sigan todo lo escrito por Dios (v. 6); que no hagan alianza con otras naciones ni con sus dioses (v. 7); que amen con todo su ser a Dios (v. 11); que no den a sus hijos a los hijos de los paganos (v. 12); y les advierte del costo de la desobediencia (v. 13, 15-16).

Y aunque con todo lo dicho, parecería que iba a ser fácil para ellos seguir a Dios, lo cierto es que no era así, por eso Josué, temiendo que el pueblo no siga a Jehová, les pide que se esfuercen mucho en obedecer.

Nosotros también podemos ver que la obediencia requiere gran esfuerzo. Cada día batallamos con nuestros pecados y debilidades, enfrentamos tentaciones de la carne, el mundo y satanás, y las posibilidades de fallarle están siempre presentes; por esta razón nosotros debemos esforzarnos a morir a nuestra carne tomando nuestra cruz y siguiéndole a Él en obediencia, crucificando a nuestro “yo”, nuestra voluntad (Lc. 9:23-25), sólo así podremos serle fiel, cuando nos esforzamos mucho y permanecemos en Su palabra (Comp. Jn 8:31-36).


Publicado por Ministerio UMCD - Lengua de Señas

Reflexiones Cristianas. Salmos 1:2 "Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche."

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