La iglesia, causa de sufrimiento emocional

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2 Corintios 11:23-33

“¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar, y yo no me indigno? Si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que es de mi debilidad. El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien es bendito por los siglos, sabe que no miento. En Damasco, el gobernador de la provincia del rey Aretas guardaba la ciudad de los damascenos para prenderme; y fui descolgado del muro en un canasto por una ventana, y escapé de sus manos.”

  1. El amor de Pablo por las iglesias, su deseo del bienestar de los hermanos, y su profundo interés por la obra de Dios, hacían que Pablo enfrentara una cantidad de pruebas y dificultades. En estos versículos Pablo, manteniendo su defensa como apóstol, les expresa a los hermanos en Corinto que no ha sido fácil servir al Señor, para que vean que su interés no ha sido beneficiarse a sí mismo, sino entregarse por el reino.
  2. En esta lista vemos un grupo extenso de adversidades que el en múltiples ocasiones Pablo enfrentó por servir a la iglesia y llevar el evangelio a donde el Señor lo enviara.
  3. Pero Pablo no solo enfrentó dificultades físicas, sino que su amor por la iglesia hacía que experimentara sufrimiento emocional y constante. Pablo velaba con mucho cuidado el bienestar de la iglesia (2 Co. 11:2), y ese “celo” lo mantenía en continua angustia pensando y buscando la manera de cuidar, sea presente o ausente, por el bien de los hermanos en Cristo y de la Iglesia del Señor.
  4. A diferencia de las dificultades físicas pasajeras que enfrentaba, y muchas muy duras, estas eran temporales; pero la preocupación por las iglesias era una preocupación constante, por lo que gran parte de su ministerio lo realizaba en rodillas, clamando a Dios para que interviniera. Si algún hermano se enfermaba, Pablo se angustiaba, y si alguien había tropezado por el comportamiento de otro, el apóstol de indignaba (v. 29).
  5. En estas líneas vemos que había un profundo y muy sincero interés por la Iglesia de Dios, y esto desgastaba a Pablo, pero por la gracia del Señor seguía adelante, considerando que esta “debilidad” era buena (v. 30). Todo esto lo sufría, y ponía a Dios como testigo de su amor y sufrimiento por la iglesia (v. 31).

Para quienes realmente valoran la iglesia, el sufrimiento puede ser muy intenso cuando un hermano o toda la congregación enfrenta una dificultad. El amor por ellos es muy profundo, y cuando los problemas llegan en medio de la congregación, el dolor se siente propio, aunque el problema no sea de uno.

Debemos considerar que la iglesia es una congragación de creyentes que, unidos por la relación familiar basada en nuestra fe en Cristo, nos pone a todos como miembros de la familia de Dios, haciendo que nuestro corazón se expanda a amar y a entregarse por un grupo especial de personas entre los cuales existe una relación muy especial por nuestra fe.

Cuando un problema llega, entonces el sufrimiento se hace compartido, es como que una ola de empatía se disemina hacia todos los miembros de la iglesia.

Para Pablo, este sufrimiento era constante porque él tenía que mirar por varias iglesias. Su amor por ellos hacía que su responsabilidad sea una carga muy fuerte para él, tanto que lo comparaba como todas las adversidades físicas que enfrentó (v. 23-27), considerándolo de la misma intensidad, o quizás mayor.

Sobre todo, los pastores, pero también cada uno de los creyentes, debemos realizarnos una sincera evaluación de nuestro amor y preocupación por la iglesia en donde nos encontramos. No por la parte física de ella, sino por el cuerpo de hermanos creyentes que, al ser un solo cuerpo, nos deberíamos doler cuando algo pasa entre nosotros (1 Co. 12:20-27). Un corazón sincero manifestará su real amor cuando éste realmente sufre en medio de dificultades en la congregación.

¿Cómo está su amor por la iglesia? ¿Cuánta preocupación tiene usted por el bienestar de los hermanos?

Publicado por Ministerio UMCD - Lengua de Señas

Reflexiones Cristianas. Salmos 1:2 "Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche."

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