Convirtámonos en cristianos “negociantes”

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Todos los creyentes tenemos más que dinero para dedicar a la gloria de nuestro Dios. Si consideramos que toda buena dádiva viene de lo alto, como lo dice el libro de Santiago (1.17);hallaremos que hemos recibido mucho de nuestro Señor, y por eso somos llamados a administrarlo de la mejor forma posible.

La parábola de las diez minas nos ayuda a entender esa responsabilidad y nos estimula a hacerlo bien, por eso consideremos esto:

Lucas 19:15-23
“Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno. Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades.
Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas. Y también a este dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades. Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo; porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré; ¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses?”

La mina de la que se nos habla en esta parábola era una moneda que equivalía a tres meses de salario de una persona, y cada uno de los diez siervos de este Noble recibió una, con la orden de que negociaran con ella para que cuando este hombre regresara hallara ganancia sobre su inversión.

Así como estos siervos, todos los creyentes somos siervos de Jesús y debemos usar lo que nos ha dado para su gloria.

Pero ¿qué recursos hemos recibido?

Pues el tiempo es uno de ellos, además el dinero, posesiones materiales, relaciones, autoridad, talentos y dones.

Ahora, en este punto podemos preguntarnos ¿Qué es aquello que Jesús y el Padre consideran como ganancia?

¿Será La tierra ganancia para ellos?, no (1 Co. 10.26); ¿será el tiempo?, tampoco (Ap. 1.8); o será la plata y el oro, no (Hag. 2.8).

Entonces, si nada de esto es ganancia para Dios porque Él ya es dueño de todo ello, ¿Qué es lo que debemos ganar para Él?

Pues Lucas 19.10 nos dice que Jesús vino a buscar lo que se había perdido, entonces el “negocio” de Dios, son las ovejas perdidas, las almas perdidas que no han conocido o que han rechazado las buenas nuevas de Dios (Ez. 34.11-12).

Así, nosotros como hijos suyos, somos una nación santa, comprada por Él con la sangre de su Hijo, para que vivimos anunciando las virtudes de Su amor y gracia (1 Pedro 2.9-10) ante las ovejas pérdidas del mundo.

Por tanto, Él espera que invirtamos lo que nos ha dado en hacer que otros vean su bondad y que nuestra luz atraiga a las ovejas perdidas hacia el rebaño y pueblo de Dios.

Esto podemos hacerlo cuando por ejemplo ganamos para Dios a nuestra familia; o cuando usamos nuestro dinero para pasar tiempo con amigos, y en medio de ello les mostramos a Dios a través de nuestras palabras y vida; o cuando aprovechamos nuestro trabajo para que compañeros vean en nosotros la esperanza que los lleve a Cristo; o cuando usamos nuestra empresa para que nuestros empleados vean a un jefe que los ama como Dios; o cuando damos lo necesario para que otros enseñen la palabra de Dios y ayuden a quienes lo necesitan; o cuando usamos nuestros dones y talentos para que Dios brille en medio de la oscuridad del mundo.

La pregunta en este punto es: ¿estamos haciendo que nuestros recursos produzcan ganancia? O ¿los hemos escondido como aquel siervo, que por temor y por no conocer a su Señor obró mal?

Es posible que ésta pregunta nos produzca miedo por la expectativa del juicio de Jesús, pero que tal si en lugar de motivarnos por el miedo, nos motivamos por la expectativa de encontrarnos con Él y ver en su cara un gozo y orgullo por nosotros, que le haga abrazarnos y susurrarnos al oído: “buen trabajo, has sido fiel y un siervo bueno”.

Publicado por Ministerio UMCD - Lengua de Señas

Reflexiones Cristianas. Salmos 1:2 "Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche."

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