Es hora de hacer compromiso



Nehemías 9:32 – 10:1, 28-29

“Ahora pues, Dios nuestro, Dios grande, fuerte, temible, que guardas el pacto y la misericordia, no sea tenido en poco delante de ti todo el sufrimiento que ha alcanzado a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros sacerdotes, a nuestros profetas, a nuestros padres y a todo tu pueblo, desde los días de los reyes de Asiria hasta este día. Pero tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros; porque rectamente has hecho, mas nosotros hemos hecho lo malo. Nuestros reyes, nuestros príncipes, nuestros sacerdotes y nuestros padres no pusieron por obra tu ley, ni atendieron a tus mandamientos y a tus testimonios con que les amonestabas. Y ellos en su reino y en tu mucho bien que les diste, y en la tierra espaciosa y fértil que entregaste delante de ellos, no te sirvieron, ni se convirtieron de sus malas obras. He aquí que hoy somos siervos; henos aquí, siervos en la tierra que diste a nuestros padres para que comiesen su fruto y su bien. Y se multiplica su fruto para los reyes que has puesto sobre nosotros por nuestros pecados, quienes se enseñorean sobre nuestros cuerpos, y sobre nuestros ganados, conforme a su voluntad, y estamos en grande angustia. A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa, y la escribimos, firmada por nuestros príncipes, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes. Los que firmaron fueron: Nehemías el gobernador, hijo de Hacalías, y Sedequías, […] Y el resto del pueblo, los sacerdotes, levitas, porteros y cantores, los sirvientes del templo, y todos los que se habían apartado de los pueblos de las tierras a la ley de Dios, con sus mujeres, sus hijos e hijas, todo el que tenía comprensión y discernimiento, se reunieron con sus hermanos y sus principales, para protestar y jurar que andarían en la ley de Dios, que fue dada por Moisés siervo de Dios, y que guardarían y cumplirían todos los mandamientos, decretos y estatutos de Jehová nuestro Señor.”

  1. Mientras más leían la ley de Moisés, y entre más hallaban todas las faltas que habían cometido como pueblo, más se incrementaba el deseo de no querer fallar más al Señor. Un deseo profundo se levantaba en el corazón del pueblo reunido en Jerusalén. (Neh. 9)
  2. Este sentimiento se generaba por el reconocimiento de quién era Dios y su relación con el pueblo. (Neh. 9:32, 33)
  3. Deciden hacer un pacto público de todo el pueblo “para protestar y jurar que andarían en la ley de Dios… y que guardarían y cumplirían todos los mandamientos…” (Neh. 10:29)
  4. En ese juramento especificaron las principales áreas que deseaban obedecer para dejar en claro como nación todo lo que deseaba cambiar, y cual había sido su gran error. (Neh. 10:30-39)

Cuando reconocemos sinceramente nuestro error, y cuando nos arrepentimos de corazón, es cuando nuestro compromiso al Señor va a darse como un profundo deseo de cambio completo. En ese instante un compromiso debe hacerse para no fallarle. Este acto es una manifestación real de arrepentimiento.

Este pacto debe ser una consagración para vivir una vida santa, digna de Aquel que nos perdona todas nuestras iniquidades.



Publicado por Ministerio UMCD - Lengua de Señas

Reflexiones Cristianas. Salmos 1:2 "Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche."

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